miércoles, 11 de junio de 2014

Me gusta la lluvia...


Me encanta la lluvia de verano en la acera. Me gusta que me pille de imprevisto y que la risa no me permita correr todo lo rápido que quisiera. Me gusta imaginarme que mi balcón es el jardín más grande nunca visto. Me gusta soñar mientras duermo, pero prefiero hacerlo despierta. Me gusta sonreír y reírme hasta perder el aliento. Me gusta hacer reír.
Me encanta recordar, imaginar todo lo que podría ser, ver como todo ha cambiado. Me gusta andar descalza por casa y acabar con los pies negros. Me gusta cantar a pleno pulmón, aunque acto seguido caiga en la cuenta de que los vecinos probablemente me hayan oído y me muera de vergüenza. Me gusta ponerme retos, de esos que sabes que superarás, y lo haces. Me gusta esa sensación, la de las cosas bien hechas, la satisfacción y la sonrisilla interna.
Me gusta cuando sé que tengo razón y me lo intentan discutir. Me encantan los músicos callejeros. Me gusta acertar preguntas en los concursos y que mi madre me recuerde lo lista que soy, simplemente para que me calle de una vez. Me gusta vestir a mi manera. Me gusta salir a comprar el desayuno en pijama, en compañía, eso sí.  Me encanta que me abracen. Me gusta llorar al terminar un libro y no poder dejar de pensar en ello. Me gusta bailar con los ojos cerrados (y no darme ningún golpe...). Me gusta ser quien soy , aunque a veces se me olvide. Y curiosamente, me gusta actuar y ser todos menos yo.
Me gusta vivir nuevas experiencias y guardar todas las entradas y recuerdos en una cajita. Me gusta taparme hasta arriba cuando duermo. Me gustan las sorpresas. Me encanta escribir esto y sonreír al escribir cada frase. De hecho, me gusta tener tantas cosas que me gusten y darme cuenta de ello.

Me gusta saber que de vez en cuando, la vida afina con el pincel. Me gusta ser feliz y saber que todo irá bien.
"De vez en cuando la vida  toma conmigo café y está tan bonita que da gusto verla. Se suelta el pelo y me invita a salir con ella a escena"


miércoles, 28 de mayo de 2014

Sin ella


-Dile que ya llego, que no tardo.
-¿Decías?
-Que llego en nada, que le digas que llego en nada.
-No creo que le haga gracia que vengas...no sé...no parece muy dispuesta.
-Ya sabes que no puedo hacer nada al respecto...
-Hombre, si retrasaras un poco tu llegada igual le daría más tiempo a, bueno, a prepararse.
-¿Prepararse el qué? No hay nada que preparar. Se viene conmigo y punto. Llego ya.
-Por favor, sólo unos minutos más.
-No hay tiempo, tengo que recoger a más gente.
- Pues la voy a esconder para que no la encuentres.
-Sabes que la voy a encontrar tarde o temprano. Si me la llevo ahora no tendrá que sufrir más. No seas egoísta. Quédate donde estás, que creo que ya te estoy viendo.
- ¡Deja que me la lleve yo! No te veo, ¿dónde estás?
- Ya me la he llevado.
- No puede ser...
- Lo siento, es mi trabajo.
- Te había pedido solamente unos minutos...unos minutos más con ella. ¡Entonces llévame ami también! Si ella no está, yo no soy, si ella no respira, yo me ahogo, si ella muere, yo también.
- Ella ha aprendido a morir sin ti. Aprende tú a vivir sin ella.
- La vida sin ella es menos vida...
- Pero su muerte sin tu vida, no es menos muerte.
- Espero verla pronto.
- Lo harás, pero si no vives nunca podrás morir.
- Viviré solo por verla.
- Y ella te lo agradece.
- La amaré como nunca.
- Y ella te querrá, como siempre.


lunes, 12 de mayo de 2014

Visualicemos...


A veces el estrés nos supera. Parece que el tiempo nos ahoga, que no da tiempo a todo. Y la cuenta atrás empieza una y otra vez, y curiosamente, cada vez va más rápido. Vamos hacia el spring final, pero parece que la meta nunca llega. Entonces se nos acaba el agua, y con la lengua fuera hacemos lo que podemos para sobrevivir.

Pero, eich! existe un truco para llegar sanos y salvos a la meta, la botellita de repuesto. Existe un banco en mitad del camino donde nos podemos sentar a descansar. Pero para eso hay que visualizar. Tenemos que ver el banco y creernos que existe. Sentir que con nosotros, el suelo también se mueve.

Para esto, solo hace falta parar el tiempo por un segundo y cerrar los ojos (esto último es la clave para todos los problemas). Entonces piensas en la importancia que le estás dando y en la que realmente tiene. Piensas en que al final todo irá bien, y si no, es que todavía no es el final. Que cuando seas viejito y estés sentado en algún porche de alguna casa en algún lugar del mundo, y el solecito te esté dando en la cara, y puedas cerrar los ojos de nuevo, no recordarás todo lo que ahora te preocupa. Ésto no será más que una anécdota dentro de una historia llena de vida y de patas de gallo. Y cuando cierres los ojos, intenta que ese porche te traiga los recuerdos de hoy, que te haga sonreír y pensar en lo tonta que fuiste en su día, y como día a día te has ido haciendo más tonta, y cómo eso te ha hecho disfrutar más y más. Que sin esto no serás aquello, que sin aquello, esto no sirve.

Solo hay que visualizar. Y sonreír. Sonreír mucho. Y cantar muy alto.Y reír. Y si, a veces también hay que llorar. Pero las lagrimas nos van construyendo, a la vez que el estrés nos va deshaciendo.Y es que a veces, solo hace falta visualizar.
 "Mi mayor ilusión es seguir teniendo ilusiones."


domingo, 20 de abril de 2014

Ánima


Esta es una entrada obligada. Ánima.

Hablar sobre mi refugio personal compartido por muchos...En realidad, hablar de Ánima, es mucho más que hablar de una escuela de teatro.

Recuerdo la primera vez que entré, hace un año y medio aproximadamente. Todo me pareció de lo más extraño...como un mundo aparte. Me dejaron ver parte de una clase, y al terminar el profesor me preguntó a ver si me había gustado. Le respondí : "Emmmm...si...Agur", y me fui. Quién me iba decir a mí (y quien le iba a decir a él) que ese iba a ser el principio de todo.
La clase que vi realmente me encantó, me entusiasmó, me enamoró. Así que ahí estaba yo, unas semanas después, en aquel mismo sitio, muerta de miedo y vergüenza sin saber lo que me esperaba.

Yo iba allí, donde esa gente tan rara se expresaba, y les seguía un poco el rollo. Pero no me costó mucho darme cuenta de que eso no iba a funcionar siempre.Y esto pasó el día en que teníamos que hacer una improvisación por parejas. Al repartirnos los papeles, me pregunta mi pareja "Oye, te importa si yo soy la hija? Es que me apetece llorar". Y se queda tan ancha. Así. Me quedé a cuadros. Simplemente no podía entender como a alguien le podía apetecer llorar, cuando todo el mundo sabe que sólo lloras cuando lo pasas mal. Pues no. Y la impro empezó, y ahí estaba yo sentada, pidiéndole explicaciones de por qué llegaba tarde, y se tumba en mis piernas y se pone a llorar. No sabía donde meterme. Ese fue el momento en el que me di cuenta de que esto iba en serio.

Lo curioso es que ahora a la que se le antoja llorar de vez en cuando es a mí. Durante este tiempo he aprendido tanto...Me han enseñado a llorar.

Hace no mucho, estaba ahogándome poco a poco, con fechas de entrega apuntadas por todas partes, exámenes que nunca acababan de llegar, estrés, estrés everywhere. Era viernes por la tarde, y esa misma noche había que entregar un trabajo de economía en el que te jugabas gran parte de la nota. Pero había teatro. Y no iba a ser una clase cualquiera, íbamos a hablar de amor. Así que terminé mi redacción sobre el amor en 10 minutos y salí corriendo hacia clase, dejando a medias economía. Necesitaba relajarme y salir de mí por un rato. Descansar.
Fue la mejor decisión que pude tomar. Un primer ejercicio nos dio la energía que necesitábamos. Después, uno por uno, teníamos que leer lo que era para nosotros el amor, mientras andábamos entre nuestros compañeros, que estaban quietos como estatuas. Fue mágico. Liberador. Compartes algo inexplicable. Hacía tiempo que no lloraba tanto. Acabas sintiendo las desgracias de los demás, te alegras porque otros son felices, tienes miedo...y todo eso junto es una bomba.

En fin, no sé que pasará el año que viene. Lo único que sé seguro es que nunca voy a olvidar Ánima. Ni a su gente, mi gente. Porque hoy por hoy, sin ellos no soy nada.

lunes, 14 de abril de 2014

Echo de menos...


Echo de menos esa falsa libertad que antes tenía. Echo de menos pensar que todo el mundo se reducía a lo que yo vivía, y que no había nada más. No había nada malo más allá, nada que diera miedo, nada que me estuviera perdiendo. Echo de menos la luz morada que alumbraba nuestros entrenamientos, en los que nos creíamos que éramos las más rápidas, las nuevas Beckham. A él también lo echo de menos, aunque nos hiciera correr hasta más no poder.
Echo de menos los olores que impregnaban mi camino, porque ya nada huele igual. Echo de menos todo lo nuevo por explorar. Les echo de menos a ellos, mi familia. A compartir cada día con ellos, a llorar de la risa como norma diaria. Echo de menos a Miguel Hernández y a Lauaxeta, y es que me dieron más de lo que parece. Echo de menos nuestros pequeños momentos, en los que soñábamos cosas que sabíamos imposibles, pero soñábamos. Echo de menos a los nuevos a los que nadie respetaba. Echo de menos el apoyo seguro, el saber que alguien está ahí.
Echo de menos destacar y hacer bien las cosas. Tener tardes libres en las que poder jugar, leer, reír. También echo de menos tener la seguridad de que algún día, por muy lejos que estuviera, sería lo que quiero ser. Cuando creía que todo era posible, y que lo mío era lo mejor. Echo de menos pensar que los de mi alrededor seguirían ahí cuando me despertara. Pensar que nunca cambiarían, pero ahora soy yo la que cambia, y ellos ya no son los mismos. Y más que a nada en el mundo, echo de menos a mis ángeles. Los que no pudieron cambiar, los que se tuvieron que ir repentinamente. Ellos, a los que tanto quise y a los que tanto quiero. Echo de menos que me digan que están en un sitio mejor y creérmelo.

Echo de menos no echar de menos…

sábado, 22 de marzo de 2014

No hay genio sin un gramo de locura



“Con voluntad, niña, se puede conseguir la luna que, después de todo, no es más que un queso en el cielo. Pero no puede una convertirse en actriz. ¿Cree usted que hace falta trabajar bien? ¿Trabajo bien yo? ¿Tengo yo voluntad? Se es actor como se es príncipe: de nacimiento. Y en eso, nada tiene que ver la voluntad. No se trabaja en el teatro para ganarse la vida. Se trabaja para mentir, para mentirse a sí mismo, para ser lo que no se puede ser, y porqué está uno harto de ser lo que es. Representa uno para no conocerse, y porque se conoce uno demasiado. Se hacen papeles de héroe porque es uno cobarde, y papeles de santo porque es uno malvado; se hace de asesino porque se muere uno de ganas de matar al prójimo; se representa porque es uno embustero de nacimiento, porque se ama la verdad y se la detesta. Representa uno, porque si no representa, enloquecería. Hacer papeles. ¿Cuándo sé yo si estoy o no haciendo un papel? ¿Hay un solo momento en que deje de hacer un papel? Míreme usted: ¿Odio a las mujeres o hago el papel de odiarlas? ¿Represento el papel de asustarle a usted y de darle asco o es que en realidad tengo el deseo malo de hacerle pagar las culpas de otras? ¿Eh? ¡Vuélvase usted a su casa a contar monedas de oro, déjenos a nosotros, los actores, contar nuestras monedas de cartón!”
                                                                         De la obra teatral “Kean” de
                                                                JEAN PAUL SARTRE

miércoles, 12 de marzo de 2014

Y bailo...


Hoy vuelvo a escuchar a James Blunt. Y vuelvo a tener 7 años y a cantar a pleno pulmón sus canciones. Las tarareo y las canto de nuevo. Hoy he vuelto a reencontrarme con él, y con un trocito de mi también. Porque toda y cada una de sus canciones me lleva a algún sitio, a algún sitio en el que ya estuve y que vuelvo a visitar. Se podría decir que el ha escrito mi banda sonora...

Y de repente mi cuerpo se va y empieza a bailar por el salón. Cierro los ojos. Bailo. Bailo. Bailo hasta agotarme. Mis brazos conocen su música a la perfección, y bailan. Pero la canción se acaba, y llega esa otra que tanto me hacía llorar. Miro por la ventana, sintiendo que todos desaparecen a mi alrededor. La soledad me aprieta, vuelve a entrar en mi casa sin permiso y no puedo pararla. Y vuelve como la primera vez. Extrañamente, esta es la canción que más me gusta... así que bailo.

Todo eso ya pasó, ahora es hora de darles un nuevo significado, de renovar de alguna manera mi música de fondo. Y recuerdo a todos esos sitios que me acompañó, todos esos viajes, esas espera que tan cortas se hacían...Los momentos en los que la vida se convertía en un videoclip, en el que por una vez, era yo la que mandaba.

Hoy James Blunt vuelve conmigo y con esa niña de 7 años que le oye por primera vez. Vuelve el discman que tan feliz me hacía. Y vuelve mi padre, que tanto odia su voz pero que no puede disimular lo mucho que le gustan sus canciones. Y me vuelve a emocionar.

Y bailo.

"And when silence greets my last goodbye,The words I need are in your eyes, and I'll sing.Shine On, just, shine on! Close your eyes and they'll all be gone. They can scream and shout that they've been sold out, But it paid for the cloud that we're dancing on.So shine on.  Just shine on!"