sábado, 22 de marzo de 2014

No hay genio sin un gramo de locura



“Con voluntad, niña, se puede conseguir la luna que, después de todo, no es más que un queso en el cielo. Pero no puede una convertirse en actriz. ¿Cree usted que hace falta trabajar bien? ¿Trabajo bien yo? ¿Tengo yo voluntad? Se es actor como se es príncipe: de nacimiento. Y en eso, nada tiene que ver la voluntad. No se trabaja en el teatro para ganarse la vida. Se trabaja para mentir, para mentirse a sí mismo, para ser lo que no se puede ser, y porqué está uno harto de ser lo que es. Representa uno para no conocerse, y porque se conoce uno demasiado. Se hacen papeles de héroe porque es uno cobarde, y papeles de santo porque es uno malvado; se hace de asesino porque se muere uno de ganas de matar al prójimo; se representa porque es uno embustero de nacimiento, porque se ama la verdad y se la detesta. Representa uno, porque si no representa, enloquecería. Hacer papeles. ¿Cuándo sé yo si estoy o no haciendo un papel? ¿Hay un solo momento en que deje de hacer un papel? Míreme usted: ¿Odio a las mujeres o hago el papel de odiarlas? ¿Represento el papel de asustarle a usted y de darle asco o es que en realidad tengo el deseo malo de hacerle pagar las culpas de otras? ¿Eh? ¡Vuélvase usted a su casa a contar monedas de oro, déjenos a nosotros, los actores, contar nuestras monedas de cartón!”
                                                                         De la obra teatral “Kean” de
                                                                JEAN PAUL SARTRE

miércoles, 12 de marzo de 2014

Y bailo...


Hoy vuelvo a escuchar a James Blunt. Y vuelvo a tener 7 años y a cantar a pleno pulmón sus canciones. Las tarareo y las canto de nuevo. Hoy he vuelto a reencontrarme con él, y con un trocito de mi también. Porque toda y cada una de sus canciones me lleva a algún sitio, a algún sitio en el que ya estuve y que vuelvo a visitar. Se podría decir que el ha escrito mi banda sonora...

Y de repente mi cuerpo se va y empieza a bailar por el salón. Cierro los ojos. Bailo. Bailo. Bailo hasta agotarme. Mis brazos conocen su música a la perfección, y bailan. Pero la canción se acaba, y llega esa otra que tanto me hacía llorar. Miro por la ventana, sintiendo que todos desaparecen a mi alrededor. La soledad me aprieta, vuelve a entrar en mi casa sin permiso y no puedo pararla. Y vuelve como la primera vez. Extrañamente, esta es la canción que más me gusta... así que bailo.

Todo eso ya pasó, ahora es hora de darles un nuevo significado, de renovar de alguna manera mi música de fondo. Y recuerdo a todos esos sitios que me acompañó, todos esos viajes, esas espera que tan cortas se hacían...Los momentos en los que la vida se convertía en un videoclip, en el que por una vez, era yo la que mandaba.

Hoy James Blunt vuelve conmigo y con esa niña de 7 años que le oye por primera vez. Vuelve el discman que tan feliz me hacía. Y vuelve mi padre, que tanto odia su voz pero que no puede disimular lo mucho que le gustan sus canciones. Y me vuelve a emocionar.

Y bailo.

"And when silence greets my last goodbye,The words I need are in your eyes, and I'll sing.Shine On, just, shine on! Close your eyes and they'll all be gone. They can scream and shout that they've been sold out, But it paid for the cloud that we're dancing on.So shine on.  Just shine on!"